Un signo de los últimos años ha sido, sin lugar a dudas, la aparición de nuevas formas de agrupación, en torno a temas diferentes de los políticos o meramente ideológicos. En esta tendencia relativamente nueva se inscriben defensores del bosque, grupos anti abrigos de piel, pro familia, de castos o asociaciones de varones hartos del feminismo. Chile no es la excepción, y nacen nuevos grupos, unidos incluso por la edad.
Eduardo Yentzen quiere formar uno de esos grupos. ¿Cuando se bajó de La Bicicleta, después de nueve años de pedalear en aquella revista cultural de los tiempos del gobierno militar, su existencia se convirtió en la típica vida de un ciudadano: se casó, tuvo hijos y se consiguió un trabajo estable? ¿Qué pasó entonces? ¿Otra etapa del ciclo natural o el fin de los sueños "sesentistas"?
Estas son las grandes preguntas que Eduardo Yentzen quiere plantear a los pares de su generación, los que a fines de la década de los 60 lo daban todo por cambiar el mundo, los de la reforma universitaria, los que leían a Sartre con devoción, que hoy parecen ser tan funcionales como sus padres (e incluso más) al siempre vapuleado "sistema".
El Club 30-40 espera convocar a quienes se inscriben en ese rango de edad y que en algún minuto de sus vidas se sintieron tocados por el llamado "espíritu sesentista". La idea es juntarse y responder una pregunta: ¿qué pasó con nosotros? Además, dar una nueva pelea, esta vez contra el individualismo.
Con paciencia, Yentzen realizó una suerte de inventario en el que consignó a todas aquellas personas que habían pasado por su vida en los últimos 20 años. Llovieron las llamadas a antiguas pololas, amigos y compañeros varios, gente de organizaciones que hoy parecen "prehistóricas", como la Agrupación Cultural Universitaria, los talleres culturales de la Universidad Católica y, por supuesto, de la mismísima Bicicleta. Fruto de los contactos nació la idea de formar una organización: el "Club de los 30-40".
Ante falta de financiamiento, en el año 87 La Bicicleta murió. Tiempo después Yentzen se casaba. Hoy, a los 41, el estudiante eterno que pasó por ingeniería y economía y tomó cursos varios de Literatura, Estética, Ciencias Sociales, Antropología y Sociología, trabaja en el departamento de prensa de la Intendencia. A primera vista, nada muy revolucionario, a pesar de que el bolso no lo ha cambiado por un maletín.
Pero él es uno entre muchos que han llevado su vida por caminos que se consideran convenientes y normales. Nuevamente, el cuestionamiento es inevitable: ¿el mundo les ganó? "Quizás hay un cierto empate, cambiamos nosotros y el mundo, le hicimos mella y transamos en un punto intermedio", diagnostica Yentzen.
La revista del Club
Este club de treintones y cuarentones, que, ojo, está pensado para los que en algún minuto se sintieron tocados por el llamado "espíritu sesentista", ya sacó el primer número de una mini revista, en la que obviamente Yentzen es el cabecilla que recibe el apoyo de un "Comité Afectivo" que se mantiene en el anonimato.
Más que una revista, esta publicación pretende ser una carta entre amigos. Como parte de su plan de formar el "Club 30-40", Yentzen invitó a sus conocidos a contar sus testimonios de vida en relación a la misma pregunta de ¿qué pasó con nosotros? Así, diversos personajes que firman como "Lord Nelson", "Alicia", "Perro Negro", "La Gringa" o "Más mediocre de lo que quería ser, pero más feliz", lanzan toda su batería de experiencias.
¿Y qué habrá sido de ese espíritu de libertad y rebeldía?
Y para que el asunto de la reflexión se encamine por sendas más profundas, Yentzen incluso ideó un espacio para que Lord Nelson y los otros consignaran su "Línea de culturas". Por ejemplo, en uno de los testimonios, un treintón o cuarentón reconoció haber tenido alguna vez una línea católica, luego laica-masónica, para después pasar a una etapa cristiana-social, y que en momentos de intimidad se convierte en cristiana-celestial.
En posteriores números, Yentzen promete incluir nuevos testimonios, reflexiones y temas relacionados con la producción artístico cultural, con ejemplares que circularán cada dos o tres meses. Como todo tiene un cierto toque de "entre amigos" en el "Club 30-40", la mini revista sólo se vende por suscripción. Quien desee colaborar con la revista puede llamar al 6347285.
Fiesta del reencuentro
Si los treintones y cuarentones no reflexionan sobre el sentido de sus vidas, Yentzen advierte un peligro, el de la desintegración de esta generación, en el que el compartir cosas en común definitivamente no sería más que otro viejo sueño perdido. En suma, el triunfo del individualismo.
En su mirada también hay espacios para el futuro. "Tenemos que juntarnos para ver qué pasó con nosotros, qué puede pasar o si llegó la hora de la nostalgia", medita Yentzen, para quien el espíritu de los 60 puede ser rescatado actualmente en diferentes vertientes de pensamiento: la ecológica, la esotérica y la de los renovados, políticamente hablando. Pero aclara que ésta es una hipótesis muy personal y que por eso la discusión en conjunto puede resultar más valiosa.
Pero no todo es pura reflexión. El próximo jueves primero de septiembre, los con alma sesentista se reencontrarán en una fiesta-convivencia bailable en la Discotheque Club Tucán. Para los expertos de la nostalgia, se exhibirán videos de hace unos 20 años. Para los que quieran bailar a más no poder, habrá todo tipo de música, desde Los Beatles hasta Adamo. La entrada cuesta tres mil pesos por pareja, la que además da derecho a una suscripción de seis números de la revista. Entre amigos de Yentzen y amigos de sus amigos, se espera la concurrencia de unos 300 incurables sesentistas.
Más adelante Yentzen planea que el "Club 30-40" cuente con una sede propia en la comuna de Providencia o Ñuñoa, para que los "viejos" treintones o cuarentones tengan un lugar donde los nostálgicos lamentos se transformen en nuevos ideales. Lo contrario, para Yentzen, es morir en vida.